Hospédate en una casa tradicional construida sin clavos y prueba un licor japonés destilado ilegalmente

A la sombra del monte Hakusan , se encuentra uno de los destinos que no debes perderte en tu visita a Gifu: la preciosa aldea de Shirakawa-go, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, y modelo absoluto de belleza y perfección.

No te pierdas

  • El entorno que evoca la larga y nutrida historia de Japón
  • El museo dedicado a la seda, el mayor producto de exportación de la región

Cómo llegar

La mejor manera de llegar a Shirakawa-go es en autobús desde Takayama.

En Nagoya o Gifu, toma la línea de JR Takayama hasta Takayama. Los autobuses con destino a Shirakawa-go salen de la estación de autobuses de Takayama y tardan en llegar a su destino unos 50 minutos.

 

 

Comienza en Ogimachi

El principal atractivo turístico de Shirakawa-go es Ogimachi, una aldea con casas tradicionales de estilo gassho-zukuri, estrechas y de gran tamaño con un tejado triangular hecho de pajaque baja vertiginosamente hasta el suelo para soportar el peso de la abundante nieve que cae en esta zona en invierno. De hecho, el nombre «gassho-zukuri» hace referencia a dos manos rezando.

Cada casa es una obra maestra de carpintería. Están construidas sin clavos y cada viga encaja perfectamente con la siguiente. La estructura es tan estable que estas casas llevan en pie desde su construcción en 1800; incluso han sobrevivido en un país tan propenso a los seísmos.

 

 

Adéntrate en el pasado

Muchos de los edificios se utilizan hoy para albergar museos, que recorren la historia de la región y ofrecen información sobre este estilo arquitectónico único y sobre las industrias claves en Shirakawa-go. Varias de estas casas son alojamientos.

Caminar por las calles y oler a leña quemada te transporta directamente al Japón de la era pre-moderna. Acércate al mirador de Shirayama para disfrutar de las vistas de la aldea y de una época pasada.

 

 

Gassho-zukuri Minkaen

Este museo al aire libre recrea una aldea. Tiene edificios funcionales como almacenes y un templo, además de las casas omnipresentes. Aquí, puedes ver ejemplos de artesanía local y, en algunos sitios, puedes probar a hacerla tú con tus propias manos. Hay restaurantes y tiendas de recuerdos, lo cual lo convierte en un lugar estupendo para descansar.

El Festival de Doburoku

Doburoku es una bebida local, parecida al sake, tan popular que se le dedica un festival en otoño. Doburoku es sake sin filtrar, que se parece en sabor al wiski destilado estadounidense que se conoce como «moonshine», una bebida casera e ilegal que se produce en zonas especiales.

A mediados de octubre, puedes probar esta bebida mientras disfrutas de las danzas del león shishimai. El resto del año, en la Doburoku Matsuri Hall conocerás todo lo que quieras saber y mucho más.

Casa histórica

Algunas de estas casas aún están habitadas, por lo que, obviamente, están cerradas al público. Otras, sin embargo, están abiertas y merece la pena entrar a verlas, como es el caso de la Casa Wada, justo enfrente de la parada de autobús, en el centro de Ogimachi, y que está rodeada de un precioso jardín japonés.

Se cree que la Casa Kanda se construyó hace más de 150 años y su techo contiene una leyenda del carpintero original que data de 1850.

En la Casa Nagase vivía una familia de doctores, y contiene una muestra de instrumentos médicos del período Edo (1603-1867), un lugar fascinante.

 

 

La Casa Museo de la Seda de Tajima

La cría de los gusanos de seda era la principal forma de vida de Shirakawa-go en la antigüedad, y este museo explica su historia y el proceso de elaboración. La Casa Tajima realmente está dedicada a revivir la industria tradicional de la seda.

 

 

El Museo del Templo Myozenji

Lamentablemente, la residencia del monje, junto al templo, ya no se encuentra en uso, y se ha convertido en un museo que narra la historia del templo desde 1748. En el templo hay un gran buda, y el campanario y el tejo que se encuentran en las inmediaciones evocan el Japón más antiguo.

 

 

Las cuatro estaciones en todo su esplendor

A Shirakawa-go querrás volver siempre, ya que independientemente de la época del año en la que la visites, cada estación resalta un aspecto único de la aldea. Desde los cerezos en flor hasta el verdor del verano, las hojas ardientes del otoño y el silencioso y blanco invierno, Shirakawa-go siempre tiene algo mágico que ofrecer.

 

 

 

 

Shirakawa-go se puede recorrer en un par de horas, pero para empaparte bien de su ambiente, imaginándote la siempre perenne vida rural de Japón y olvidar el estrés de la vida contemporánea, necesitarás más tiempo. Te recomendamos pasar la noche en uno de sus alojamientos, pero necesitarás reservar una habitación con antelación.

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