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El fotógrafo Oliver Vegas te descubre el Japón más desconocido

 

Capturar, sentir y transmitir son las tres constantes en el trabajo del fotógrafo Oliver Vegas. Y, para conseguirlo, es necesario dar con escenarios que inviten a capturar, inspiren para sentir e inciten a transmitir su belleza a otros. En Tochigi y Tohoku, al norte de Tokio, los ha encontrado: una naturaleza sin par, gastronomía de sabores propios, ciudades por explorar, rincones llenos de tradición, pueblos con el encanto que solo la montaña puede enmarcar…

Oliver Vegas ha realizado una ruta de 14 días para conocer Tochigi y Tohoku, haciendo paradas en Tokio, Ashikaga, Kura no machi, Nikko, Aizuwakamatsu, Ouchi-juku, Sendai, Shiogama o Jodogahama.

 

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Ruta de Oliver Vegas

 

Porque Tochigi y Tohoku inspiran. Esta parte de Japón ya fue inmortalizada por el poeta Matsuo Bashō, concretamente en su obra Oku no Hosomichi, que podríamos traducir como ‘El estrecho camino a través del norte profundo’.

Matsuo Bashō comenzó su viaje por el norte de Honshū, la isla principal de Japón, en 1689. Hoy, 331 años después, otro viaje ha servido para inspirar otra forma de arte, en este caso, la audiovisual de los vídeos e imágenes de Oliver Vegas.

Por todas estas razones, y por otras muchas, te invitamos a que conozcas Tochigi y Tohoku acompañando a Oliver en su ruta.

 

Tokio, la ciudad que nunca descansa

Una ciudad con 14 millones de habitantes solo puede ser diversa. Diversa en sus atracciones, en las opciones para el viajero, en su gastronomía, en la dicotomía zonas verdes-zonas urbanas, en sus barrios, en su ocio, en su cultura…

Oliver Vegas exploró, cámara en mano, zonas como Harajuku y Shinjuku. La primera se ha convertido en el barrio de moda de la capital japonesa, repleto hoy en día de tiendas de diseño y modernas cafeterías. Está considerado como la cuna de la cultura juvenil en Tokio.

Una vez allí, te recomendamos localizar la calle Takeshita, arteria principal del barrio y un fascinante crisol de culturas y estilos. Aquí tienes una de las entradas, inmortalizada por Oliver Vegas. Esta calle es el lugar ideal para probar algunos dulces en puestos callejeros como las crepes con frutas o el algodón de azúcar gigante.

 

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Entrada a Takeshita Street en Tokio

 

Por su parte, Shinjuku es el barrio donde Tokio se divierte. Una zona repleta de luces de neón, con una animada vida nocturna y múltiples opciones para hacer compras. Un vistazo al futuro sin salir de la capital. Sin embargo, cuenta con un oasis de paz muy particular en su interior, el Jardín Nacional de Shinjuku Gyoen, una antigua finca feudal que, durante siglos, fue uno de los lugares de retiro de la familia imperial.

Este jardín es una muestra de la tradición japonesa que tan bien sabe combinar Tokio con las tendencias más actuales, como lo es también por ejemplo el impresionante templo Senso-ji en Asakusa.

Reflejar en una sola imagen lo que significa Tokio para el viajero no es sencillo, pero Oliver Vegas ha escogido esta instantánea que muestra la inmensidad de la capital japonesa. “No tengo palabras para descubrir mi primera impresión de una ciudad como Tokio, una ciudad llena de vida en sus calles, donde todo se ilumina con colores que despiertan al más dormido, incluso después de 13 horas de vuelo”, explica Oliver.

 

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Vista de la Torre de Tokio

 

El camino hacia Tohoku esconde grandes secretos

Abandonar Tokio nunca es sencillo, tampoco para Oliver Vegas. Una visita a la capital siempre deja la sensación de que queda mucho por ver. Pero el camino hacia Tohoku con previo paso por Tochigi empieza a mitigar la nostalgia de la gran ciudad con algunas visitas que, no por planificadas, resultan menos impactantes.

La primera de ellas, en la prefectura de Tochigi, es el Parque de flores de Ashikaga. Estamos ante un reino floral conformado por flores fuji o glicinas. Para obtener el resultado de la imagen y que cuelguen a modo de estalactita, se cultivan en pérgolas. Una visita a este parque merece la pena tanto de día como de noche, pues la iluminación hace que se pueda disfrutar igualmente de una experiencia inmersiva llena de color. La iluminación nocturna se puede disfrutar desde las 16:30 hasta las 21:00 horas, desde el 21 de octubre al 4 de febrero, cuando se celebran tres grandes espectáculos únicos: La Colaboración de Luces y Flores, a mediados de noviembre; el espectáculo Fantasía de Navidad, que comienza a finales de noviembre; y la Iluminación de Año Nuevo el primer día del año.

Cuando llega el mes de abril y los cerezos florecen, comienza una festividad consistente en observar las flores en primavera, el hanami. Los japoneses acuden en masa a este parque floral a partir de mayo para disfrutar de las glicinas.

 

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Parque de flores de Ashikaga, Tochigi

 

Otra visita más que recomendable es Kura no machi y su museo, una antigua ciudad de comerciantes que conserva toda la esencia del período Edo.

La siguiente parada de Oliver en Tochigi fue Nikko, que cuenta con diversos santuarios y templos declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO. Este vasto patrimonio está conformado por 103 estructuras distribuidas en tres complejos, entre los cuales podrás desplazarte caminando. Uno de los más visitados es el complejo del santuario Toshogu, mausoleo del shogun Tokugawa Ieyasu, el fundador del shogunato de Tokugawa, que gobernó Japón entre 1603 y 1867.

Oliver capturó todos estos lugares, pero sin duda uno que le llamó especialmente la atención fue el puente rojo Shinkyo, parte del santuario Futarasan-jinja, también Patrimonio Mundial. Para el fotógrafo, “Shinkyo está lleno de misterio, pero es considerado y respetado como un puente sagrado. Shinkyo fue reconstruido en 1636 con la apariencia actual. Después, Shinkyo estuvo solo abierto a generales y mensajeros de la corte imperial”.

 

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Puente Shinkyo en Nikko, Tochigi

 

La nieve cubre Ouchi-juku

El viaje de Oliver prosiguió con un cambio de prefectura. De Tochigi a Fukushima, donde aguardaba Aizuwakamatsu, que se anuncia como ‘la ciudad de los samuráis’ y donde el espíritu del bushido está presente en prácticamente cada esquina.

En la ciudad, Oliver visitó el castillo de Tsuruga, reconstruido pero único en todo Japón, pues solo éste tiene tejas de color rojizo. Además, se conservan los muros y fosos del jardín originales. También destaca el parque que rodea el castillo, lleno de preciosos cerezos.

 

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Castillo de Tsuruga en Aizuwakamatsu, Fukushima

 

La zona en la que se enclava Aizuwakamatsu propone al viajero explorar una naturaleza espectacular gracias a lugares como el monte Bandai o el lago Inawashiro, donde puedes ver reflejado el propio monte.

Entre los impresionantes paisajes rurales de Fukushima se asienta también Ouchi-juku, un pueblo donde se respira tradición gracias a sus edificios de más de 300 años, los tejados de paja o las aguas que discurren a ambos lados de las calles. Al final de la carretera principal, atravesando un corto -pero pronunciado- tramo de escaleras, podrás llegar a un templo que revelará unas inspiradoras vistas del pueblo y su montañoso entorno.

Es precisamente en Ouchi-juku donde Oliver tomó esta espectacular instantánea, donde la nieve es protagonista, como suele suceder en algunas zonas de Tohoku en esta época del año, pero que dota de una muy particular belleza a la imagen, pareciendo que la nieve del tejado de la casa se fusiona con el monte que la enmarca.

 

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Ouchi-juku, Fukushima

 

Oliver Vegas describe en su publicación lo que sintió en Ouchi-juku: “Podría escribir cientos de palabras, palabras que describen cada rincón de esta ciudad, los olores, la gente, y solo así, seguiría sumando lo diferente que es Fukushima cuando está completamente envuelta en nieve. Todos nos imaginamos Japón lleno de colores en primavera o en otoño, por lo menos, esa era mi ilusión cuando soñaba con viajar aquí. Y ya veis, una sorpresa, mantos blancos que cubrían las calles...”. Y es que, por mucho que el viajero planifique o lea previamente, un viaje a Japón siempre sorprende y suscita sentimientos inesperados.

 

Sendai, la autenticidad por descubrir

Probablemente, estemos ante una de las ciudades menos conocidas por los turistas que visitan Japón: Sendai, capital de la prefectura de Miyagi y mayor ciudad de Tohoku con una población de más de 1 millón de personas.

De Sendai resalta su perfecta mezcla de cultura urbana, tradición samurái y la naturaleza de sus paisajes. Pero también su gastronomía. Dada su cercanía al mar, el marisco y los pescados que el viajero puede probar son de gran calidad. Además, cualquier visitante no debería dejar Sendai sin probar el gyutan, lengua de ternera a la brasa que es el plato típico de la ciudad.

Desde un punto de vista histórico, en la ciudad destaca el Mausoleo de Zuihoden, un emplazamiento histórico erigido en 1637 en memoria de Date Masamune, señor feudal fundador de la ciudad, y sus herederos.

Otros puntos de interés son el Santuario Osaki Hachimangu, el Museo del Castillo Aoba o el Museo de la ciudad de Sendai.

 

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Santuario Osaki Hachimangu en Sendai, Miyagi

 

La inmensidad del Pacífico se hace presente en Tohoku

De un entorno eminentemente urbano como el de Sendai, el viaje de Oliver fue derivando nuevamente hacia el contacto con la naturaleza. En esta etapa del viaje, concretamente, con las aguas del Pacífico. Lindando precisamente con este océano se encuentra la ciudad de Shiogama, puerta de acceso al mar que se estableció el kokofu (gobierno local) de la ciudad de Tagajo.

Como ciudad portuaria, la industria de la pesca -especialmente del atún- y del procesado del pescado tiene gran importancia en Shiogama. A modo de curiosidad, este municipio cuenta con la mayor densidad de restaurantes de sushi de Japón.

Igualmente, el santuario sintoísta Shiogama Jinja bien merece una visita. De él existen referencias que datan del siglo IX, y quince de sus edificios han sido designados Propiedades Culturales Importantes. Retomando el principio del post, este santuario está presente en la obra ‘Oku no Hosomichi’ de Matsuo Bashō. Existe, asimismo, una ruta por la ciudad que sigue los pasos del poeta.

Desde Shiogama el camino de Oliver Vegas continuó hacia el norte. Concretamente hasta la costa y la playa de Jodogahama , particularmente bella por sus afiladas rocas blancas, los pinos que la secundan y sus aguas tranquilas y cristalinas. Este desplazamiento trajo un nuevo cambio de prefectura, pues estas formaciones rocosas pertenecen ya a Miyako, en la prefectura de Iwate.

 

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Formaciones rocosas a lo largo de la costa de Iwate

 

El itinerario costero de Oliver dejó espectaculares imágenes en su cámara, pero también inolvidables experiencias en su retina. Una de ellas, esta puesta de sol que el propio Oliver describe de la siguiente manera: “Nunca dejará de sorprenderme un atardecer, y es que no os podéis imaginar lo que hay detrás de una foto. Salimos camino a la playa, aunque sabemos que hay unos 5 kilómetros por delante y un par de horas, no nos preocupa... Pero no fue así, una hora más tarde, seguimos caminando pisando centímetros de nieve en la costa. Por fin, cuando ya no podíamos estar más cansados, llegamos a este lugar increíble. El sol estaba a punto de esconderse cuando el atardecer nos regalaba esta increíble postal”.

 

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Formaciones rocosas en la costa de Iwate

 

Como ves, Tochigi y Tohoku tienen mucho por descubrir. Una parte de Japón capaz de sorprender incluso a los viajeros más experimentados, como Oliver Vegas. Esperamos que, si estás planificando un viaje a Japón, tú también puedas disfrutar de una de las zonas más auténticas del país.